Psicología Analítica
Proviene de su creador Carl Gustav Jung quién bautizó a su psicología Psicología Analítica para diferenciarse del padre de Psicoanálisis. En mi abordaje como analista junguiana me baso en sus teorías para la intergración cuerpo-mente por ello así como la consulta psicológico agrego a mi trabajo cursos y tallers. Abajo te lo explico brevemente cada uno de ellos.
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En la actualidad el camino del yoga se ha extendido y su repercusión alcanza casi todos los lugares del planeta. Para algunos es sinónimo de ejercicio físico, para otros es una muestra de contorsiones casi imposibles de realizar. El yoga es un camino interior que comienza por la consciencia del cuerpo.
El cuerpo está destinado a su descomposición y extinción. Por ello, en la India tanto el yoga como su tradicional medicina, el Ayurveda, estrechamente vinculada al yoga, enfatizan el cuidado del mismo para alcanzar fines espirituales que van más allá de lo físico.
La filosofía del yoga nos propone profundizar en los estados de consciencia a través de la activación de los chakras (cakras, en sánscrito, significa rueda) son centros energéticos dispuestos a lo largo de la columna vertebral. Se trata de una fisiología sutil (imaginal). Aquí, en la base de la columna es donde encontramos la serpiente enrollada, la kundalini, la cual representa la energía divina en el ser humano. Desde una descripción del cuerpo sutil en la filosofía yóguica, la serpiente es la que se busca activar mediante la práctica del yoga. Su activación promoverá un movimiento ascendente a través de la columna, activándose así los chakras con el objetivo de despertar la consciencia.
En este escrito propongo un paralelismo entre la práctica del yoga y el proceso de individuación que propone C.G. Jung. Tanto uno como el otro ofrecen un camino de autoconocimiento desde la tensión de los opuestos.
Para Jung, la individuación significa hacer consciente lo que era inconsciente. En el yoga, la conciencia a través del cuerpo nos llevará a una toma de consciencia de nuestro ser (nuestra esencia como unidad psicofísica). Desde nuestras limitaciones, en contacto continuo con el cuerpo, despertando aspectos más profundos, se obtendrá por un lado calma mental y recogimiento interior, y consecuentemente una vivencia más amplia de nuestro Ser (la dimensión espiritual). Por otro lado, ese incremento de conciencia revela el decaimiento del cuerpo y los achaques del mismo con el transcurrir del tiempo.
Desde el punto de vista de la psicología analítica, la tensión de los opuestos es lo que generará el movimiento psíquico propio del proceso de individuación. El trabajo psicológico dirigido hacia la unión de los contrarios, por un lado, conlleva una revelación potencial de nuestras luces y sombras, y por otro lado la posibilidad de la creación de un símbolo unificador que de cuenta de la totalidad del ser.
En la práctica del yoga también se trabaja con la unión de las dualidades (por ejemplo, frío-calor, arriba-abajo, tristeza-alegría, materia-espíritu, ser individual-ser supremo, etc.). Por lo tanto, también propone el equilibrio armónico de éstas.
Es así que, a pesar de que el yoga y la psicología analítica son dos disciplinas bien diferentes entre ellas, ambas proponen un camino de conocimiento y realización del ser, y finalmente de transformación, si bien la psicología analítica no trata con la concreción del cuerpo para ello como hace el yoga.
Aquí, hago referenica al hatha yoga, o yoga corporal. Según Padoux (2011) lo que se ha dado en llamar “hathayoga”, que algunos prefieren denominar kundalinî-yoga en razón del papel esencial que desempeña la kundalinî, trata con la energía cósmica-divina presente en el cuerpo que lo habita, transformándolo. Las posturas de yoga, desde el punto de vista de Padoux, son consideradas somato-psíquicas. Es decir permiten un diálogo entre cuerpo y psique.
Las posturas psico-físicas, en el hatha yoga, llamadas asanas, en tanto que psíquicas, se prestan también a una lectura e interpretación simbólica, una que aparece repetidamente en la filosofía del yoga, es el motivo de la serpiente. En este sentido la serpiente, que para Jung es un símbolo que representa a la psique, en el yoga es un símbolo clave para entender la expansión de la consciencia en el movimiento ascendente de la kundalini (kunda es serpiente) a través de los cakras (centros energéticos) dispuestos a lo largo de la columna vertebral.
Es interesante observar que el camino del Tantra, otra forma de decir, hatha yoga, al igual que la psicología de Jung, ofrecen caminos simbólicos para el desarrollo personal. Cuando digo caminos simbólicos, me refiero a algo desconocido que no está en un comienzo de una práctica, pero a medida que uno se estira en la esterilla deja, en ese momento presente, suceder psico-físicamente.
El alma fue la pasión de Jung desde la que creó su cuerpo teórico. Según Jung, el alma o psique es autónoma. La realidad psíquica se expresa a través de imágenes.
Mi intención es establecer un puente entre la práctica del yoga y el proceso de individuación. A partir de la imagen de la serpiente.
La serpiente se nos presenta generalmente como un reptil peligroso, amenazante y también como imagen que evoca la salud. Basta mirar el ícono de una farmacia en donde se ve representada alrededor de un cáliz o un báculo. Antiguamente era la imagen de Asclepio o Esculapio, hijo de Apolo, como promotor de la salud del cuerpo, y la serpiente como portadora de ese veneno que, en pequeñas dosis, también puede tener el potencial de la curación. También desde la mitología griega, Hermes o Mercurio, tiene como atributo el caduceo con serpientes enrolladas, mismo atributo de Asclepio. En la filosofía hindú, es Siva, dios de los yoguis, quien portará la serpiente en su cuello como recuerdo de este veneno que ha sido tragado por él para salvar a la humanidad. En la filosofía del yoga, la serpiente aparece representada como kundalini, que se encuentra enrollada en la base de la columna vertebral y es a través de las prácticas de yoga en donde se busca despertarla para que comience el trabajo de activación de chakras, círculos energéticos dispuestos a lo largo de la columna vertebral. Esta metáfora de la serpiente me permite comenzar (serpenteando) este recorrido simbólico.
El proceso de individuación es uno de los conceptos más substanciales en la obra de Jung junto con el de inconsciente colectivo y está íntimamente relacionado al aspecto religioso imago Dei o chispa divina. El yoga, hace hincapié en la experiencia de lo espiritual en cada uno de nosotros, esta conexión del ser individual con el Ser universal, es decir, con toda la humanidad. La noción de inconsciente colectivo en Jung también supone una conexión con toda la humanidad. En el proceso de individuación el individuo se singulariza y encuentra su unicidad sin perder el contacto con esta realidad más amplia, colectiva.
En la individuación, al igual que en la definición de yoga, está la idea de unión, reintegración, completud y lo que resultará de esta unión será una personalidad más amplia que no tiene que ver con la perfección sino con una personalidad más completa en la que contempla tanto lo uno como lo otro, los opuestos complementarios, esto es la dualidad.
La transformación de la materia, que se expresa en el simbolismo de las posturas (asanas) en el cuerpo (somato-psíquicas), permiten una transformación progresiva de la personalidad total cuyo objetivo último es la experiencia plena de la esencia espiritual, esto es, en términos de Jung, el proceso de individuación.
“The paradox: The ascension the spirit demands the descent into ground. Ground in yoga is the muladhara, the root chakra in which one takes foot in our own humanity through which we experience our own divinity.” Marion Woodman1
En el presente artículo tengo la intención de hacer un pequeño esbozo de quién es C.G. Jung, su pensamiento y cómo la práctica del yoga, en occidente, se la puede experimentar en los mismos términos que su psicología propone.
A pesar de que el yoga y la psicología analítica, nombre que le dio Jung a su psicología, son dos disciplinas bien diferentes entre ellas, ambas proponen un camino de conocimiento y realización del ser, y finalmente de transformación, si bien la psicología analítica no trata con la concreción del cuerpo para ello como hace el yoga.
Soy consciente de lo ambicioso que resulta la empresa en la que me embarco, no obstante, estas líneas se proponen como una introducción y esbozo de las posturas que vendrán, pues es inagotable el campo de investigación de los asanas con su simbolismo.
Comencé con la cita de Marion Woodman, pues las dos posturas que trataremos aquí, la postura del árbol y la montaña, tienen que ver con esta conexión con la tierra y cómo esta paradoja nos lleva a la elevación más profunda del ser. “Lo que es arriba es abajo” dice el famoso dicho, pues allí vamos.
Primero ¿quién fue Jung?
Para resumir esta pregunta tan amplia, cito a Sonu Shamadasani: “La figura de Jung se sitúa en los puntos de contacto entre la psicología académica, la psiquiatría, la psicoterapia, la psicología popular y las psicologías de la “Nueva Era”. El auge de estas disciplinas y movimientos constituyó uno de los avances más relevantes de la sociedad occidental durante el siglo XX”.2
El proceso de individuación es uno de los conceptos más substanciales en la obra de Jung junto con el de inconsciente colectivo y está íntimamente relacionado al aspecto religioso imago Dei o chispa divina. El yoga, hace hincapié en la experiencia de lo espiritual en cada uno de nosotros, esta conexión del ser individual con el Ser universal, es decir, con toda la humanidad. La noción de inconsciente colectivo en Jung también supone una conexión con toda la humanidad. En el proceso de individuación el individuo se singulariza y encuentra su unicidad sin perder el contacto con esta realidad más amplia, colectiva.
Ahora ¿qué entendemos por yoga?
En la actualidad el camino del yoga se ha extendido y su repercusión alcanza casi todos los lugares del planeta. Para algunos es sinónimo de ejercicio físico, para otros es una muestra de contorsiones casi imposibles de realizar. La idea de yoga como re-unión de cuerpo-mente-espíritu, es la definición de yoga más popularmente conocida y en la que me baso aquí.
El yoga es un camino interior que comienza por la consciencia del cuerpo. En el yoga, la conciencia a través del cuerpo nos llevará a una toma de consciencia de nuestro ser (entendido como nuestra esencia como unidad psicofísica). Desde nuestras limitaciones, en contacto continuo con el cuerpo, despertando cada vez más aspectos más y más profundos, obtendremos calma mental y recogimiento interior, y consecuentemente una vivencia más amplia de la dimensión espiritual de nuestro Ser. Ese incremento de conciencia, paradójicamente, revela así mismo el decaimiento del cuerpo y los achaques del mismo con el transcurrir del tiempo. El cuerpo está destinado a su descomposición y extinción. Por ello, en la India tanto el yoga como su tradicional medicina, el Ayurveda, estrechamente vinculada al yoga, enfatizan el cuidado del mismo para alcanzar fines espirituales que van más allá de lo físico.
La montaña
En la postura de la montaña nos topamos con la postura base de todas las posturas de pie. Se trata del fundamento de todas las posturas de pie, Tadasana, la postura de la montaña, con el propósito de asentar la base para ir construyendo una estructura sólida y firme.
Si “nos paramos” en los cimientos, esta conexión con la tierra nos permite que la energía fluya desde abajo hacia arriba (el pico de la montaña), el trabajo siempre comienza desde abajo.
El árbol
El árbol nos vuelve a conectar con la tierra, con la sensación de estar plantada y con el movimiento sutil de la quietud. Nos enfoca y ayuda a dirigir toda la energía a un punto imaginario a la altura de los ojos. Otorga estabilidad y firmeza.
Simbolismo de las posturas del árbol y la montaña
En nuestro cuerpo, la imagen de la montaña, en tanto que sólida y firme, da cuenta de la tensión de opuestos. Por un lado deviene sustento y base de nuestro ser: desde el apoyo de los pies en la tierra y por otro está la cima, la relación con lo alto y más trascendental. Desde la base es cómo nos apoyamos en nuestro ser. Un yo firme desde los cimientos es lo que nos permitirá este recorrido desde abajo hacia arriba. Construir desde los cimientos una estructura sólida, firme, pero flexible a la vez para permitir el movimiento ascendente de la tierra al cielo, capaz de soportar esta tensión de opuestos.
En la naturaleza se dan muchas polaridades y en contacto con lo natural las observamos. Por ejemplo, en la montaña observamos su cima opuesta a su base, y en el árbol, las ramas crecen ascendentemente mientras que las raíces crecen hacia el subsuelo. La individuación es de acuerdo a Jung un opus contra naturam, lo que significa que el trabajo psicológico de los opuestos no se basa en una simple observación de éstos en armonía sino que emerge de la tensión que estos producen. Por ejemplo, la tensión entre consciente e inconsciente. Descubrir y observar las polaridades de la psique no es suficiente para que se genere el proceso de individuación. El inconsciente actúa como compensación a la actitud de la consciencia entre lo que el yo desea y lo que el sí mismo, como centro del alma, demanda. La individuación consiste en poder contener los opuestos dentro de uno para trabajar en su unión.
En yoga, para mantener la postura del asana del árbol y de la montaña se trabaja con los opuestos fuerza-relajación del esfuerzo. En la postura de la montaña, la quietud y estabilidad nos dan una imagen desde la que se puede pensar en el eje yo-sí mismo y el camino que se debe transitar en el ascenso y descenso de la misma. Esta tensión entre yo-sí mismo es de movimiento cuya unificación es llegar a ese sí mismo. En este centramiento existe una quietud y estabilidad.
La montaña como símbolo del sí-mismo representa la unión entre cielo y tierra. Es esta misma tierra la que se eleva y busca su expresión en el espacio, así como el ser humano busca diferenciarse en su ser. En la montaña nos quedamos quietos buscando el estar equilibrado entre estos opuestos. Encontrar este eje rector del Ser a través de una energía que se distribuye de tal manera que sea la uniòn entre cielo y tierra. La energía está distribuida a través de todos los chakras. Estar quieto en la montaña, en este sentido, es estar con todo, esto representa la unión de los opuestos en el símbolo unificador, a saber, la montaña.
Otra característica de la montaña es que en su interior se gestan minerales preciosos, en relación con esto, en la disciplina del yoga, el practicante va desarrollando, mediante una práctica ininterrumpida, un cuerpo diamantino. A medida que vamos tomando consciencia de nuestras luces y sombras vamos transformando el cuerpo tosco en algo más puro y noble.
En la imagen del árbol, quedan representados los opuestos en las raíces y las ramas, esto tal como hemos visto en la montaña, también simboliza el eje yo-sí mismo. Esta verticalidad en el ascenso de las ramas al sol pero también las raíces en contacto con el centro de la tierra en crecimiento paulatino y transformación continua. Por un lado tenemos el contacto con el inframundo, un crecimiento al centro de la tierra en soledad y oscuridad, por otro lado, las ramas son las que ascienden hacia el sol en contacto con el aire y la luminosidad. Sin embargo en la imagen del árbol le agregamos la idea de horizontalidad pues sus ramas se expanden hacia los lados además de hacia el cielo y las raíces que se expanden bajo tierra.
El árbol, nos da esta idea de verticalidad y horizontalidad. En este sentido el árbol nos amplía la imagen de la montaña.
Estas imágenes nos han permitido realizar un recorrido simbólico, un viaje interior desde y en el cuerpo. Si bien el árbol y la montaña forman parte de una serie integral de una práctica diaria de yoga, estas imágenes dan cuenta de la conformación de un espacio sagrado. En ambas imágenes se puede evidenciar un centro rector, un eje del mundo que representa la unión de lo de arriba con lo de abajo y en el árbol le agregamos la idea de la expansión y crecimiento.
Este centro rector es el axis mundi, centro del mundo en esta concordancia entre macro-microcosmos, el centro de la personalidad representado por el sí-mismo, centro del alma. Esto alude a un proceso totalizador donde en la parte está el todo.
Para ir terminando… (por ahora)
Al penetrar en estas dos imágenes como parte de una práctica integradora y no como un fin en sí mismas, se puede dar cuenta de la inmensidad de cada una de ellas. La montaña se nos impone, como una eminencia natural que se caracteriza por su altura. Hemos visto cómo las montañas han sido consideradas un elemento sagrado en muchas religiones y creencias, cómo no suponer que pueda también simbolizar algo sagrado en nosotros mismos.
Hemos comprendido que el proceso de individuación tiene como objetivo la completitud a partir de la tensión de opuestos. En una práctica de yoga esto se corporiza en el asana de la montaña. Estar quieto con la montaña es estar en equilibrio entre el cielo y la tierra. La montaña da cuenta de esta unión. En el cuerpo hay un eje rector, el eje del ser que queda expresado en la unión tierra/cielo, entre la energía que corre en el cuerpo en energía ascendente y desde la coronilla hasta la base.
El correr hacia la meta unidireccionalmente implica huir de uno de los opuestos representado con crecer hacia arriba pero perder la polaridad subterránea de la profundización. La unión de arriba y abajo da una idea de completar en lugar de estirar unidireccionalmente. En la imagen del asana, si estiramos sin estar en la base, nos perdemos en ello. En la expansión del árbol y su imagen de crecimiento y profundización.
Por otra parte, el árbol desempeña también un importante papel en muchas mitologías del mundo, llevándonos también a la noción de eje del mundo. Partimos de la montaña en la construcción física y simbólica de una estructura yoica firme y resistente para construir unos cimientos. Desde allí, nos adentramos a la construcción y desarrollo de la personalidad de manera más profunda y completa en la árbol. Además del eje vertical, encontramos aquí el eje horizontal que amplía la imagen anterior. El árbol nos invita a pensar en los matices que existen entre los polos opuestos.
Las imágenes del árbol y la montaña como asanas me permiten un diálogo desde el cuerpo con un proceso más profundo que trasciende el cuerpo, lo material (la materia/matter).
La transformación de la materia, que se expresa en el simbolismo de las posturas (asanas) en el cuerpo (somato-psíquicas), permiten una transformación progresiva de la personalidad total cuyo objetivo último es la experiencia plena de la esencia espiritual, esto es, en palabras de Jung, el proceso de individuación.
Es evidente que al hablar de un período tan largo que va desde el S.IV a.C., la Edad Clásica, los presocráticos S.V. o la democracia griega, hasta el S.VI d.C., no es esperable que haya una única manera de ver este fenómeno tan misterioso de cómo se concebían los sueños en la antigüedad. En esta oportunidad, nos circunscribiremos al mundo griego y las dos visiones predominantes que se sostenían con respecto a este tema que es además, desde mi punto de vista, la que se conserva, hasta el día de hoy.
Una corriente es la visión médica, encargada de todos los aspectos fisiológicos y físicos, la que podríamos englobar dentro de la concepción científica del momento. Y la segunda es la visión religiosa que con el tiempo se transformará en la visión psicológica. Recordemos que cuando hablamos de religión en estas épocas (y fijaros que no digo época sino que lo escribo en plural) hablamos de lo religioso y mitológico como dentro de una misma noción, si bien en la Edad Media, lo religioso tomará otra dimensión más hegemónica y excluyente en torno a un solo Dios.
Entonces, como veníamos diciendo, esta segunda concepción en esta época politeísta será la de los sueños como enviados por los dioses, una concepción religiosa que mantiene las diversificaciones de las diferentes deidades cada una con sus atributos y cualidades específicos. Para daros un pequeño ejemplo: No es lo mismo que se aparezca en un sueño Artemisa, Hermes o Hades. Prestar atención que utilicé el verbo “aparecer” porque en la antigüedad no se “tenía o hacía” un sueño, sino que los sueños eran mensajes que se “aparecían” al soñante para revelarle algo del más allá. Cada uno de estos tendrá cualidades diferentes que tendrán que ver con tareas distintas que se obligaba hacer luego, entre estas acciones figuran: exponer el sueño a Helios (al sol) como un proceso purificatorio o algo con agua, hacer un lavaje.
Hay otro aspecto a tener en cuenta además de estas dos concepciones es poder apreciar qué valor se le asignan a los sueños en general y esto va a variar según quién se esté pronunciando, quién será el exponente del momento. En otras palabras, nos estamos refiriéndonos al valor que se le da a lo irracional (podemos pensar cómo esto nos llega hasta la actualidad, con qué actitud abarcamos este fenómeno que nos ocupa pues esto implicará la forma en que nos acercamos al tema).
Dentro de los mayores representantes de la primera concepción médica tenemos a Hipócrates. Hipócrates sostiene que cuando nuestra mente está despierta nuestra alma se divide en nuestros sentidos pero cuando dormimos el alma despierta ya que no está bajo la servidumbre del cuerpo, entonces puede conocer todo, tiene rienda suelta. Los sueños involucran un sistema higiénico donde el alma puede percibir la enfermedad. El se encargará de estos sueños y dirá que hay otro tipo de sueños que tendrán que ver con los mensajes de los dioses y las acciones que el propio soñante tendrá que hacer al respecto como mencionaba arriba. Hipócrates, padre de la medicina, no intervendrá en estos últimos para los que el destino es otro y es aquí donde entraría la concepción de tipo religiosa/mitológica/psicológica de los sueños inspirados por los dioses, tal y como dije arriba en la que entraremos de lleno en un momento. A la visión médica de Hipócrates, Aristóteles es su sucesor de esta línea con sus tres tratados en relación a los sueños: Acerca del sueño y de la vigilia. Acerca de los ensueños. Acerca de la adivinación por el sueño. En el primero de ellos expone una teoría fisiológica sobre los sueños y la digestión como causante de los mismos. En el segundo tratado hablará de la fantasía como imágenes ilusorias que son la naturaleza de los ensueños pero más que como la característica de una mente creativa como un error de los sentidos que son deformaciones de la realidad y por ende, sin valor alguno. Y el tercer tratado sobre la adivinación asevera que los sueños no son proféticos, ni son mensajes enviados por los dioses. Y en cuanto a las relaciones entre los sueños (como ensueños) y la vigilia: Las imágenes residuales son las que producen los sueños, lo que Freud conceptualizará aunque muy posteriormente (1900) como restos diurnos. Aristóteles dirá que cuanto más nítidos son los sueños más equilibrado está el cuerpo en general, concepción fisiológica y médica válida del momento.
Dentro de la segunda categoría inicial, de los sueños inspirados por los dioses, se podría pensar en la práctica de la incubación. Desde el año 300 a.C. Comienza la práctica de la cura por el sueño. Las personas que tenían un conflicto más de tipo moral (no una enfermedad física) ingresaban al templo dedicado a Esculapio/Asclepio, dios de la medicina, allí pasaban un período indeterminado de abstinencia y purificación. En este recinto se relajaban, se desintoxicaban y liberaban tensiones. Había una segunda fase que consistía en informar a los intérpretes de sueños qué soñaban hasta tener el “sueño que los curaría” porque los sueños, como ya hemos mencionado, eran información de los dioses y eran los dioses los que decían lo que tenían que hacer o cómo debían curarles. Aquí surge el concepto de la oniromancia que está relacionado con la magia o la adivinación a través de los sueños, lo más tarde se llamará onirocrítica que alude a la clasificación y sistematización del estudio de los sueños y la elaboración de claves simbólicas o como los solemos conocer: los Diccionario de sueños. Pero continuemos con este ritual de incubación, como se lo conocía, que era la estadía en estos templos por el tiempo que fuera necesario hasta tener el sueño que los curaba. Estos recintos han durado aproximadamente desde el SVI al SIV d.C.
¿Cuándo la oniromancia se transforma en la onirocríca? La pregunta es muy fácil si pensamos en la primera sistematización que se hace de los sueños. Su mayor exponente fue Artemidoro de Daldis (S. II d.C.) donde brinda las claves para la interpretación y el funcionamiento, creando una especie de glosario (no es otra cosa de lo que hoy hace el ChatGPT o la IA pero en texto escrito en papel), recordar en este punto que el período que abarcamos incluye el cambio de la oralidad a la escritura. Siguiendo con este pasaje de lo oral a lo escrito, se puede decir: el primer Diccionario de sueños, si bien es algo que ha abierto el campo de la comprensión también lo ha restringido a interpretaciones más rígidas que muchas veces no eran acertadas, es por esto que se dejan de consultar quedando relegado a un conocimiento más místico y adivinatorio, me pregunto si es algo por el estilo lo que sucederá con la red y que conste que, lamentablemente estamos, con esta presentación, contribuyendo a ello.
Como conclusión observo que hoy en día hay una fascinación e interés secreto y compartido en torno el tema de los sueños (ensueños) que no nos deja indiferentes, creamos en ellos o no, recordemos los sueños o no pues algo se mantiene dentro de lo esotérico que no deja de ser lo perteneciente a las ciencias ocultas y es algo que nos llama, nos interpela y nos conecta con la humanidad pero más desde el punto de vista humano que virtual. Pero eso ya es tema del siguiente encuentro y vendrá con la Edad Media.
Destinado a quienes desean realizar un trabajo interior tal como descubrir su potencial como así también ser más consciente de comportamientos o actitudes que no permiten desarrollarse plenamente como quisieran. La duración es según necesidades personas y se pacta al comienzo del proceso. El precio es de 75 eu/sesión.
Clases grupales de hatha yoga pero que me gsuta nombrarla con el nombre occidental de gimansia postural correctiva que es cómo se la ha conicdo en la década de los 60’. Se trata de un trabajo corporal que hace hincapié en la alineación física y la coordinación con la respiración para llegar a estados de calama mental y/o relajación.
Formación para profesionales a través de la colaboración con 3vedicas.es. Allí impartimos cursos presenciales, consultas de medicina ayurveda o formación continua online con médicos especializados de la India.
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